Martes, 09 de diciembre de 2008
Pensando sobre cómo contaría mi propia historia... Escribo. Fases del descubrimiento propio.

1. Un día cualquiera, de repente, ves aparecer por la puerta a una chica maravillosa y, después de quedarte en blanco, piensas: "Qué bien nos vamos a llevar, parece maja". Seh, majísima... A los dos segundos, ya es tu primer amor. A los dos minutos, te das cuenta de que, aparte de ser el primero, es platónico. Sí, chungo. Empiezas a cuestionarte sobre su vida... como si tú misma tuvieses las respuestas, pero no... por mucho que pienses nunca llegas a ninguna conclusión.

2. Te niegas a aceptar que es "hetero" (palabra que, a partir de ese momento, será clave el resto de tu vida). Vamos, que te niegas la evidencia aunque te vaya la vida en ello. Te da igual que tenga pareja (chico, para más información) y demás... "Alguna posibilidad habrá, ¿no?"... Algo te dice que no, pero tú sigues pensando que sí, que el amor acabará triunfando.

3. Definitivamente, aceptas que es más hetero que na'... así que no te queda otra que admitir que no va a poder ser lo de que el amor triunfe. ¡Ja! A partir de aquí, es cuando piensas que el amor es una mierda y que esto no era como te habían contado... Pero, entonces, te calmas y piensas: "Un momento... ¿desde cuándo me fijo yo en las tías?"... mmm (respuesta: desde nunca) hasta ahora no te habías parado a pensar. Te habías enamorado y punto, no había más vuelta de hoja. Sí, sí... ahora sigues enamorada (locamente, claro)... pero te planteas cómo afrontar tu futuro... sin ella, sin amor, sin contárselo a nadie. Pues nada, un drama infinito.

4. Un día, por puro aburrimiento, te metes en el chat y, harta ya de la situación, decides contárselo al primero que pilles. Bueno, al principio no te fías... "no vaya a ser que, con la suerte que tengo, se lo vaya a contar justo a ella o a alguien que nos conozca". No es que tenga pinta de tener tiempo libre como para meterse al chat, pero más vale prevenir... Al final, conoces a un chico supermajo (sí, evitas hablar con chicas... por si acaso) que te entiende, te deja hablar, te habla de él... y, cuando te has asegurado de que vive a cientos de kilómetros de ti, se lo cuentas: "Estoy enamorada de una chica". Sí, es la primera vez que te atreves a decirlo...

5. Después de semanas hablando por el chat, te atreves a agregarlo a tu msn... Pasa a ser tu confidente, tu mejor amigo, tu consuelo... Incluso, piensas que esa chica puede ser "una excepción" y que, con chicos como este, quizá algún día te llame la atención alguno de ellos. Pero... no, no... "la quiero demasiado como para pensar en alguien más". Meses después, uno de esos días en que él no se conecta, decides entrar al chat, otra vez. Entonces, te abre conversación una chica. Eh, ¡cuidado!, que "ha sido ella la que ha empezado a hablarme... yo con chicas no hablaba, eh"... Total, que empezáis a hablar y te pregunta qué te pasa... y tú, que ya tienes "experiencia", pues vas y le sueltas que estás enamorada de una chica. Va ella y te confiesa que también. Oh.

6. Con ella no te hace falta hablar semanas por el chat. Directamente, la agregas al msn. Resulta que, lo que le cuentas, a ella le ha pasado también. Lo que te cuenta, te ha pasado a ti. Vamos, que tenéis vidas paralelas. Cuando ya hay más confianza, te dice: "Mira... no es por desilusionarte, pero... te aconsejo que disfrutes de cada momento que pases con ella... porque está difícil llegar a algo más". Ya no te empeñas en negarlo, tú misma sabes que tiene razón en lo que dice. Pero, tú a lo tuyo... "o con ella, o con nadie".

7. Te pasas años viviendo por ella, pensando sólo en ella, soñando con ella, imaginando cómo sería estar con ella... Bueno, qué os voy a contar. Llegas a creerte que estás con ella; eres consciente de que no, pero es lo único que te ata a la vida: ella. "No puedo vivir sin ella, la quiero demasiado"... Tienes que aguantar que ella, en alguna conversación que otra, te diga: "Ya verás como te va a venir bien cambiar de aires... seguro que conoces a algún chico que te llame la atención". Vamos, que si me echo novio, ella encantada de la vida. Mientras, te mueres por dentro pensando: "Pfff... si sólo te quiero a ti"... pero parece que no se da cuenta... aunque, en el fondo, piensas que algo sabe... no es tonta, no.

8. ¡Oh, sorpresa! Llegas a la universidad = Cambias de mundo. Efectivamente, conoces chicos... pero, vamos a lo que vamos... conoces chicas xD. Al principio, por supuesto que no te fijas en ninguna. Por supuesto. Vamos, tú tienes la cabeza en ella y sólo en ella. Ni se te pasa por la mente fijarte en otra (mucho menos, en otro). Sí, vas haciendo amigos y amigas; pero, sólo es eso, amistad (obviamente).

9. Sigues con tu rollito de fichar gente... y llega el momento de "las prácticas"... chaaannnn. Seh, esos trabajitos que hay que hacer individual, por pareja, en grupo... Casualmente, tu grupo de amigos no va a esa clase... Total, que empezamos a hacer los apaños de turno para poder hacer "ese trabajo, obligatoriamente, en grupo". Pues nada, manos a la obra. De repente, empieza a salir gente de debajo de las piedras y te preguntan si ya tienes grupo. Claro, no tienes... "yo tampoco, ¿vamos juntas?", "vale" -dices tú-. Sigue saliendo gente y... ¡¡por fin, grupo hecho!! Ya estamos todos. Ah, este grupo de trabajo será decisivo desde ahora hasta siempre.

10. Cosas de la vida, hay una chiquita en el grupo que te trata diferente. Claro... para ti es nuevo todo eso. Total, que empiezas a pensar "cosas raras". Pero bah... como suele decirse, ni siquiera te das cuenta. Tus amigos sueltan comentarios del tipo... "¿Sabes si tiene novio?, porque a mí me parece que quiere algo contigo". Oh, ¡dios! "Qué va, ¡qué va! Si tiene novio y tal" -te apresuras a decir tú-. Justo, en ese momento, te empiezas a emparanoiar pensando: "Madre mía... al final va a ser que sí hay algo raro en todo esto... pero, no... no puede ser". Cabe decir que, hasta que entraste en la universidad, tu círculo de amigos homosexuales estaba reducido a cero. Algún conocido y tal, pero vamos... poco.

11. A partir de ese momento, las "profecías" de tus amigos se cumplen: ella viene a buscarte, ella se acerca, ella p'arriba y p'abajo. Vamos, que ya piensas mal. Pero que no, que tú sigues enamorada de la otra chica y no, no quieres nada. Lo que ocurre es que te empieza a picar la curiosidad... Y, por todos es sabido, que cuando el cántaro va tanto a la fuente... pues, al final, se rompe. Concretando... que, el día que no va a clase, como que... la echas de menos un poquitín. A partir de ese momento, te negarás rotundamente haber pensado en ella en plan... "¿le habrá pasado algo?". Definitivamente, ya no la volverás a llamar por su nombre cuando hables con tus amigos (resulta demasiado... mm... ¿cercano?)... a partir de ahora, será "la chica que va conmigo en el trabajo". Punto.

12. Te das cuenta de que esa medida para fingir que no hay nada especial entre las dos, es absurda cuando os pasáis el día de abrazo en abrazo. Después de unas semanas, vuelves a llamarla por su nombre, pero tus amigos ya no saben quién es... No se acuerdan de quién es (es que hay tanta gente en clase... uff). Y tú piensas: "¡¿¿Pero cómo pueden no saberlo??!"; no obstante, con total naturalidad, les explicas que es la chica que va contigo en el trabajo y que, cuando os crucéis con ella, les avisarás de quién es. "Es imposible que no sepan quién es... es imposible que no sepan cómo se llama" -piensas sin salir de tu asombro-. Es entonces cuando piensas: "¿No será que estoy demasiado unida a ella? Claro, para mí es tan familiar... pero, para ellos, no lo es"...

13. Pasan los meses y decides recordar a tus amigos cómo se llama esa chica del trabajo. Tras innumerables intentos fallidos, vuelves a llamarla por su nombre y ya la consideras tu amiga. No es que os contéis la vida minuto a minuto, pero es taaaaaan cariñosa contigo... pero tanto, tanto... que hasta te entra el remordimiento: "¿Me estoy desenamorando?" -piensas-... Después, piensas que es absurdo y que siempre vas a quererla. Simplemente, tienes una amiga más. Ya está.

14. "Ya está", no. No, no. Es absurdo decir que es una amiga más. Las dos sabemos que no es así. El día que menos piensas, vas y le sueltas una indirecta sobre su pareja (novio, recuerdo)... y te confirma que sigue con él. Te dices por dentro: "Ya lo sabía... sólo era por asegurarme"... y es verdad: lo haces para no hacerte ilusiones. Recuerda: es hetero (palabra que, desde ahora hasta el resto de tu vida, odiarás intensamente). El tema es que insinúa que no va muy bien la cosa. Yo, que soy de alma bondadosa, no es que me alegre de que vaya mal... no quiero que sufra.

15. En fin, que te reencuentras con la chica de la fase 1, pero te das cuenta de que ya no es igual. Habéis perdido el contacto y... como que no es lo mismo. Te dices a ti misma que no eres culpable de nada: ella sigue con su vida; tú, simplemente, haces la tuya. Por otro lado, te siguen llegando rumores de que tu amiga es lesbiana.

16. Pues eso, que te pones a hacer tu vida y, a partir de ahí, lo que más haces con tu amiga es: abrazar, besar, sonreír y hacer que se sienta bien. Vamos, carpe diem a tope xD. Hasta que, un día, sin darte cuenta, te sorprendes diciéndole a tu ya "amiga" que la quieres. Lo mejor es cuando te responde que ella también te quiere ^^ (qué felicidad más tonta, ¿no?) Te das cuenta de que eso era lo único que necesitabas para ser feliz.

17. Muuuuuchos años más tarde, aceptas que tu primer amor sigue siendo un amor, el primero y platónico, sí... y seguirías dando tu vida por ella, cualquier cosa por verla sonreír... Pero, has encontrado a alguien que jamás hubieras imaginado que existía: al segundo amor.
Publicado por EstherM1A9P8P9 @ 23:11
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Comentarios
Publicado por curruca73
Domingo, 25 de enero de 2009 | 19:22
?Hola! No s? c?mo he llegado hasta tu blog, pero me encanta, sobre todo esta entrada me ha gustado mucho, tienes una forma muy peculiar de escribir.

Saludos Gui?o
 
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